Japón y Túnez disputarán el 1.000.º partido en la historia de la Copa Mundial de la FIFA™ el 20 de junio en el Estadio Monterrey
El choque entre los combinados asiático y africano en Norteamérica pone de manifiesto el crecimiento del fútbol y la inclusividad de la Copa Mundial de la FIFA 2026™
“Poder participar en el partido número 1.000 de la Copa Mundial de la FIFA es algo realmente simbólico”, afirma Ellyes Skhiri, capitán de Túnez
Aunque el responsable de que Japón y Túnez disputen en Monterrey, México, el 1.000.º partido en la historia de la Copa Mundial de la FIFA™ ha sido en gran parte el azar, este azar estaba muy condicionado por la rápida y relativamente reciente expansión del fútbol por todo el planeta.
Su evolución hasta convertirse en un deporte mundialmente querido —y gestionado por un órgano rector con más miembros que las Naciones Unidas— no es fruto de la casualidad. En parte, es la consecuencia inevitable del atractivo y la emoción inherentes del fútbol, pero también de cómo está diseñado. Extender los horizontes del deporte rey, ampliar las competiciones para facilitar el acceso e invertir los ingresos en el desarrollo del fútbol son solo algunos de los principios básicos de la FIFA que preside Gianni Infantino. Por ello, no debería sorprendernos que una selección asiática y otra africana vayan a escribir una nueva página en la historia de la Copa Mundial de la FIFA™ en Norteamérica el próximo 20 de junio.
El encuentro que enfrentará en el Estadio Monterrey a los Samuráis Azules y a las Águilas de Cartago, perteneciente a la segunda jornada del Grupo F de la Copa Mundial de la FIFA 2026™, estará marcado por las dinámicas habituales del torneo. Japón espera ratificar las buenas sensaciones del estreno, en el que empató (2-2) contra Países Bajos en Dallas, mientras que Túnez necesita resarcirse de su abultada derrota ante Suecia (5-1) en Monterrey. Esta es la perspectiva a corto plazo. Sin embargo, hay otra más amplia que se remonta a casi un siglo atrás, que dibuja el crecimiento del acontecimiento deportivo de mayor repercusión y popularidad del mundo y que representa la expansión triunfal del fútbol hacia nuevas fronteras.
“Poder participar en el partido número 1.000 de la Copa Mundial de la FIFA es algo realmente simbólico”, afirma Ellyes Skhiri, centrocampista y capitán de Túnez. “Jugar un partido en un Mundial es un honor y un sueño hecho realidad, pero participar en el partido número 1.000 será realmente especial. Te permite apreciar toda la historia del torneo: los mejores partidos y los mejores jugadores que escribieron los capítulos más increíbles en la historia de la Copa Mundial (de la FIFA)”.
La larga y distinguida trayectoria a la que se refiere Moriyasu suma ya 96 años, y durante décadas estuvo dominada por las selecciones europeas y sudamericanas. Y ha sido, hasta cierto punto, exclusiva. La primera Copa Mundial de la FIFA™ se disputó en Uruguay en 1930 y contó con trece participantes. Cuando se disputó el partido mundialista número 100 en Suiza 1954 (partido por el tercer y cuarto puesto entre Austria y Uruguay), la nómina de participantes únicamente había ascendido a 36, de los que solo siete procedían de fuera de Europa y Sudamérica.
Por entonces, la FIFA contaba con 87 federaciones miembro (FM), 37 de ellas europeas. Tras la disputa de la Copa Mundial de la FIFA™ de 1954, en la que Alemania (como Alemania Occidental) se alzó con el título, solo seis países de fuera de Europa y Sudamérica habían alcanzado la fase final de la competición: Cuba, Egipto, Indonesia, República de Corea, México y Estados Unidos. El séptimo equipo (RPD de Corea) no debutaría hasta doce años después.
Debido a las horas de inicio coincidentes, el honor de disputar el 500.º partido de la Copa Mundial de la FIFA™ recayó simultáneamente en cuatro equipos, ya que coincidió con la disputa de la última jornada de la fase de grupos del Mundial de Estados Unidos de 1994, que nos brindó un Argentina-Bulgaria y un Grecia-Nigeria. Ya entonces había indicios inequívocos de que el fútbol y, por ende, la Copa Mundial de la FIFA™ se estaban expandiendo.
El torneo se celebraba fuera de Europa o Sudamérica por tercera vez (tras las ediciones de México en 1970 y 1986), en un territorio, el estadounidense, que muchos consideraban inexplorado. Nigeria y Arabia Saudí debutaron en aquella edición, en la que el número de participantes de África y Asia alcanzó cifras récord: 35 y 29, respectivamente, para un total de 64.
Sin embargo, el acceso de estas selecciones continuaba siendo limitado. En una Copa Mundial con 24 participantes, Asia solo recibió tres plazas, África apenas dos y Norte, Centroamérica y Caribe, una (más un puesto en una eliminatoria previa), a la que había que sumar la plaza de Estados Unidos como anfitrión. Los países en vías de desarrollo no solo tenían menos probabilidades de brillar, sino que además contaban con menos incentivos para invertir en el desarrollo del fútbol base. El crecimiento estaba limitado. El fútbol seguía sin ser verdaderamente global.
Han tenido que pasar 32 años para que la Copa Mundial de la FIFA™ vuelva a Norteamérica, ya que la edición de 2026 se celebra en Canadá, México y Estados Unidos. El fútbol, ahora sí, ha entrado en una nueva era. Una década de divulgación, inversión y expansión ha propiciado un panorama competitivo que brinda oportunidades y un acceso sin precedentes a selecciones de todos los niveles. Desde el Mundial de Clubes FIFA™ y la Copa de Campeones Femenina de la FIFA™ hasta los grandes torneos anuales sub-17, la FIFA Series™ y demás, las FM tienen ahora más escenarios para competir y un mayor incentivo para invertir. Y, además, ahora disponen de unos ingresos récord para acometer esta inversión. Desde su lanzamiento en 2016, el Programa de Desarrollo Forward de la FIFA ha destinado más de 5.000 millones de USD al desarrollo del fútbol nacional y regional.
“El fútbol ha crecido mucho en los últimos años, con más equipos participando en grandes torneos como la Copa Mundial de la FIFA y el nuevo Mundial de Clubes FIFA”, añade Skhiri. “Ha brindado la oportunidad a más países, pueblos y jugadores de sentir la emoción de jugar o, de algún modo, participar en alguno de los mayores torneos del mundo. Estas oportunidades crearán recuerdos e historias que permanecerán en la memoria de la gente, generación tras generación”.
El eje central de dicha evolución es la Copa Mundial de la FIFA™ de 48 equipos (y la Copa Mundial Femenina de la FIFA™ de 48 equipos que se disputará en 2031). Este aumento del 50 % en el número de participantes en la fase final (de 32 a 48 selecciones) ha abierto las puertas de par en par a muchos países ansiosos por mejorar y ocupar su lugar en el escenario mundial.
En la primera jornada de la fase de grupos de la edición de este año, ya ha quedado demostrado el potencial y la emoción de una competición más inclusiva. Tras el impresionante empate sin goles de Cabo Verde ante la todopoderosa España, el mundo entero conoce ya a este país insular de apenas 500.000 habitantes y a su veterano portero de 40 años, Vozinha. Tanto la heroica resistencia caboverdiana como la gran actuación de Haití en su derrota por 1-0 ante Escocia, el dramático empate de la RD del Congo ante Portugal o el delirio que supuso el gol de Livano Comenencia para Curasao ante Alemania son partidos y momentos que perdurarán durante generaciones en el imaginario colectivo de los países implicados, ya que infunden orgullo, promueven la unidad y fomentan una cultura futbolística sostenible.
“Creo que el fútbol es el deporte más popular del mundo y uno de los medios más potentes para conectar a las personas”, afirmó Moriyasu. “En esta Copa Mundial, sin ir más lejos, estamos viendo cómo aficionados de diferentes países interactúan entre sí independientemente de su nacionalidad. Sin duda, el fútbol une a pueblos, naciones y culturas y, en última instancia, tiene el poder de traer la paz”.
Si incluimos a los tres países organizadores, un total de 209 selecciones iniciaron el camino hacia la Copa Mundial de la FIFA 2026™. Todo un récord y toda una cuestión de alcance mundial. África y Asia recibieron, conjuntamente, 17 plazas directas y dos puestos en las eliminatorias previas, mientras que Norte, Centroamérica y Caribe ha contado con hasta seis plazas y Oceanía ha recibido una plaza directa por primera vez en la historia. Las probabilidades de que el partido número 1.000 de la Copa Mundial de la FIFA™ lo disputaran dos países que encarnan la globalización del fútbol eran bastante altas.
Así pues, Japón, una de las grandes potencias asiáticas que quiere ir más allá tras alcanzar los octavos de final en las dos últimas ediciones, y Túnez, un país africano volcado con el fútbol y que acumula tres participaciones mundialistas consecutivas, se encontrarán en Monterrey en una jornada marcada tanto por el crecimiento como por la historia.
Sin duda, el partido número 1000 simboliza la longevidad y el amor incondicional de la humanidad por el fútbol y por la Copa Mundial de la FIFA™. Sin embargo, también es un testimonio de la capacidad única del fútbol para derruir muros y unir a comunidades y naciones. El partido del sábado en el imponente Estadio Monterrey reflejará la combinación perfecta entre pasado y futuro. Será un espectáculo que demostrará por qué la Copa Mundial de la FIFA™ continúa inspirando a miles de millones de personas.
“Espero que ofrezcamos una actuación a la altura de las circunstancias”, concluyó Skhiri.